El sector forestal boliviano es un sector clave para la estrategia de recuperación económica nacional. En el ámbito económico, actualmente el mercado interno de la madera supera los 680 millones de dólares y se exporta un promedio de 100 millones anuales, siendo el principal mercado Estados Unidos, China y la Unión Europea. Además, gracias al esfuerzo del sector, se están abriendo otros mercados interesantes como el de la India. Es importante destacar que, desde hace más de 10 años, existe una balanza comercial positiva; es decir, el sector genera divisas para el país.
Según el Pedro Colanzi, presidente de la Cámara Forestal de Bolivia (CFB), en el ámbito productivo, Bolivia produce alrededor de un millón de metros cúbicos de madera en rola al año, en 7 de los 9 departamentos del país, generando 90 mil empleos directos y 400 mil indirectos en toda la cadena productiva. “Es importante destacar que, del total de la madera producida en Bolivia, el 80% proviene de comunidades indígenas o campesinas”, afirmó.
En cambio en materia ambiental, el sector forestal boliviano opera de manera sostenible, siguiendo los estrictos parámetros y estándares establecidos en la Ley Forestal 1700, que garantiza la sostenibilidad del sector. Algunos actores forestales incluso van más allá de estos requisitos legales, certificando voluntariamente sus operaciones bajo la certificación internacional FSC, el estándar de sostenibilidad más importante del mundo. Actualmente, el país cuenta con más de un millón de hectáreas certificadas bajo este manejo.
También es importante destacar que los actores forestales constituyen la primera línea de defensa contra incendios forestales, avasallamientos y otras amenazas al bosque, ya que su presencia en el territorio permite una respuesta rápida y eficaz, evitando que situaciones controlables escalen a verdaderos desastres.
En los últimos cinco años, el sector ha experimentado cambios relevantes. “Nuestro sector ha atravesado una transformación en las exportaciones, pasando de comercializar principalmente madera aserrada a ofrecer productos con mayor valor agregado, como muebles, puertas y pisos, altamente demandados en mercados importantes como el de Estados Unidos”, sostuvo Colanzi.
Asimismo, se ha evidenciado un cambio en la opinión pública. Durante mucho tiempo, el sector fue injustamente señalado como uno de los principales depredadores del bosque; sin embargo, en años recientes esta percepción ha comenzado a modificarse. Cada vez más personas comprenden y se interiorizan en el manejo forestal sostenible que se realiza en Bolivia y en los beneficios económicos, sociales y ambientales que este genera, lo que ha permitido que el sector sea visto no como el problema, sino como parte de la solución y un aliado clave del bosque.
Adicionalmente, la apertura del país a los mercados de carbono es un punto a destacar, ya que hasta 2024 Bolivia era uno de los pocos países que no permitía estos instrumentos financieros de conservación en su territorio. Con su habilitación, se observa un creciente interés tanto de actores nacionales como de actores internacionales, públicos y privados, que buscan invertir en el país.
Finalmente, uno de los cambios más relevantes es la nueva postura estatal respecto al sector. Desde noviembre, y como resultado de la reorganización institucional, la actividad forestal ha pasado a depender del Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, una cartera con enfoque productivo. Este cambio, sumado a la designación de autoridades idóneas en cargos clave y al inicio de la recuperación de la institucionalidad en entidades importantes para el sector, como la ABT, refleja que el Gobierno Nacional reconoce al sector forestal como un pilar de la economía con un alto potencial de desarrollo.
Factores afectan al sector forestal
Para Colanzi, estos factores afectan al sector forestal de manera negativa en varios sentidos. En primer lugar, generan una competencia desleal, ya que estos actores, al no cumplir con los requisitos establecidos por ley, no asumen los costos correspondientes, lo que les permite ofrecer precios más bajos y desplazar del mercado a los actores formales.
Además, al no cumplir con requisitos esenciales que garantizan la sostenibilidad del sector, estos actores informales que recurren a la tala ilegal generan un daño al medio ambiente. Asimismo, al verse afectada la reputación del sector en su conjunto, puede producirse una disminución de la demanda internacional de la madera boliviana, lo que frena las exportaciones y las inversiones en el sector.
Para fortalecer el manejo forestal sostenible, es necesario incrementar los controles realizados por la ABT. Asimismo, la población debe demandar este tipo de productos y rechazar aquellos que provienen de talas ilegales. Es importante fomentar las certificaciones como la FSC, que constituyen una garantía adicional de que la madera que se consume no genera ningún tipo de daño al medio ambiente.
Estrategias para mejorar la productividad y el valor agregado
Para mejorar la productividad y el valor agregado, existen dos estrategias clave a implementar. La primera es la creación del Régimen Unificado Forestal, un sistema tributario similar al RAU para el sector forestal, con el objetivo de fomentar el desarrollo económico y la formalidad dentro del sector.
La segunda es el acceso al financiamiento, con el objetivo de impulsar una reconversión tecnológica. Históricamente, el sector forestal y sus actores no han contado con productos financieros específicos, como sí ha ocurrido en otros sectores de la economía, y el acceso a canales de financiamiento tradicionales se ha visto obstaculizado en gran medida debido a la rigidez de los requisitos exigidos.
La creación de estos productos financieros, destinados exclusivamente al sector forestal, permitiría a los actores actualizar sus equipos y maquinarias, en muchos casos obsoletos por más de 30 años, lo que contribuiría a mejorar los rendimientos, elevar los niveles de producción y reducir desperdicios, generando además un beneficio para el medio ambiente.
Actualmente, las empresas forestales bolivianas que cumplen con todos los requisitos de ley ya son sostenibles. Lo que se necesita es facilitar el ingreso al sector formal de la economía a aquellas empresas que aún no lo han hecho por diversas razones, entre ellas las impositivas. En este contexto, la creación del RUF es un elemento clave.
Adicionalmente, se debe fomentar la certificación FSC dentro del país, ya que este estándar es reconocido a nivel mundial y señala que la empresa que lo ostenta es una empresa sostenible.
Por otro lado, Colanzi, mencionó que elsector forestal se proyecta como uno de los pilares fundamentales de la economía nacional. Si se aprueban puntos clave como la creación del RUF y el acceso al financiamiento, el sector podría llegar, en un plazo de cinco años, a exportar 1.500 millones de dólares y generar 419.000 empleos directos e indirectos en el país. A largo plazo, una vez desarrolladas las plantaciones forestales, el potencial se incrementa significativamente. Tomemos como ejemplo a Chile. Este país cuenta con pocos bosques naturales, pero sus líderes, en la década de los 80, tuvieron una visión estratégica. Mediante una alianza entre el sector público y privado, se invirtieron alrededor de 180 millones de dólares en el desarrollo de plantaciones forestales comerciales. Gracias a este impulso, Chile actualmente exporta más de 6.400 millones de dólares en productos de madera provenientes de plantaciones forestales
