Tendencias Arquitectura 2021, hacia un inevitable cambio

Tendencias Arquitectura 2021, hacia un inevitable cambio

Identificar las tendencias en arquitectura del 2021 dentro del país para enfrentar un año que costó Consolidar líneas de tendencia en imagen y diseño de creación por los diferentes factores externos, los arquitectos intentamos sacar conclusiones, reconocer errores y replantear y proponer nuevas perspectivas.

Las tendencias arquitectónicas  son productos de la necesidad de cambio dentro de las ciudades por las necesidades basadas en el crecimiento de los países; primero tenemos que ver la región donde se encuentra Bolivia y ver que es una de las más urbanizadas del mundo, donde el 80% de la población habita en ciudades, de las que provienen más de dos tercios de las riquezas, pero a pesar de que se ha desacelerado el crecimiento urbano, se ha logrado reducir la proporción de personas viviendo en situación de pobreza y mejorar las condiciones de vida para la mayoría de sus habitantes, los modelos de crecimiento urbano promovidos hasta ahora son altamente insustentables y las ciudades de la región siguen siendo las más inequitativas del planeta, duales, divididas y segregadas, tanto social como

Entre las principales tendencias de la arquitectura y el urbanismo que han podido ser identificadas uno como las soluciones alternativas para la vivienda social y el hábitat popular; propuestas para mejorar la movilidad urbana; recuperación y reciclaje de espacios públicos, así como de edificios de valor patrimonial, para funciones culturales; nuevos edificios emblemáticos, y una carrera por la altura como resultado de la especulación del suelo.

Alternativas para los estratos de menores recursos Las principales soluciones desarrolladas para el hábitat popular se han encaminado hacia la búsqueda de tecnologías alternativas, la progresividad y la participación.

El mejoramiento habitacional participativo es otra práctica que se ha ido generalizando con y las recientes intervenciones de asentamientos informales donde no sólo el mejoramiento de los espacios públicos, sino de la movilidad y la conexión con el resto de la ciudad han constituido factores clave.

Esto significa  que el 2020 fue un punto de inflexión tan evidente y agresiva que ha sido imposible esquivarlo, pero, como cualquier situación incómoda, ha hecho crecer en el uso de la tecnología como una respuesta para superar cualquier contratiempo. Ahora toca meditarlo y debatirlo, pero sobre todo actuar y dar soluciones.

La Revista Contacto Construcción entrevisto a la Arquitecta y diseñadora Karina Toro, sobre la tendencia actual en la arquitectura. Para poder entender lo qué haría falta desprender, con qué tendríamos que reconciliarnos y hacia dónde deberíamos dirigir nuestra mirada, tratando de concluir con un cambio que es inevitable.

En la arquitectura, ¿Qué no funcionaba ya y ha sido corroborado en 2021?

En cierta medida creemos que nos estábamos enfocando en una especie de desmaterialización del espacio personal. Íbamos camino de reducirnos a una suerte de precedentes que aplicar sobre espacios genéricos. Nuestro “hogar” reducido a una serie de configuraciones dentro de un estándar adaptable a muchos.

En un mundo en el que nos movemos constantemente no necesitamos un sitio fijo, sino una buena maleta. De ahí la reducción del tamaño de las viviendas, el aumento de las “sedes” en las que nos hemos ubicado o la diseminación del espacio privado en el espacio público.

La tendencia nos llevaba a un espacio personal prácticamente inexistente en el que era necesario no pararse nunca. 2020 nos ha parado y ha puesto de manifiesto las carencias del entorno que estábamos construyendo, esto ayuda a retomar el 2021 como un reto de tendencia y marcando un énfasis en lo nuevo y vanguardista.

Que somos una sociedad diferente de la de 1920, con retos e inquietudes diferentes. Una sociedad más volátil. Más digital. Más interconectada. Y, sobre todo, con necesidades ineludibles a las que la arquitectura debe dar respuestas contemporáneas. En la arquitectura, el espíritu romántico del arquitecto creador de obras magnificentes por las que es remunerado sin límite ni causa concreta.

¿Qué predicciones defendía la arquitectura y que sin embargo ha tenido que reestructurar en 2021? 

Volviendo al punto anterior, creemos que estábamos encaminados a una sociedad más líquida, con un sentimiento de pertenencia difuminado, sobre todo debido al movimiento constante. Se ha mostrado que dependemos más de nuestro entorno inmediato de lo que quizás querríamos y nos obliga a repensar nuestra forma de habitarlo.

La siempre eterna predicción, después de la crisis “todo volverá a ser como antes”. Hemos tenido que reestructurar nuestro concepto de “normalidad” para abrazar tendencias que se han acelerado con la pandemia, como el componente “remoto” en nuestras vidas, el colapso emocional de los urbanitas que desean escapar del mito de la gran ciudad o la digitalización de las organizaciones y empresas en todos los sectores. Si hay algo cierto en este mundo loco es que nada vuelve a ser como antes.

¿Debería recuperarse algún modelo, teórico o práctico, que hubiésemos considerado obsoleto, pero que podría volver a ser útil hoy? 

En 1926 Hannes Meyer publicaba en la revista Das Werk un artículo llamado Die Neue Welt, ilustrado con una imagen titulada “Co-op Interieur”. La imagen reproduce un espacio privado mínimo, genérico, que cualquier trabajador nómada podría ocupar. Sin entrar en los detalles de la crítica expuesta por Meyer, creemos que esta imagen ha recobrado importancia en los últimos años, volviendo a adquirir condición de premonición.

Después del festín inmobiliario de derroche y sobre construcción de los últimos 60 años, el arquitecto se ha separado (literalmente) de su sociedad. Las nuevas generaciones vivimos la resaca de una comilona arquitectónica insoportable para ninguna comunidad y como consecuencia hoy la gran mayoría de personas “normales” han dejado de ver valor en nosotros.

Los arquitectos no somos ni artistas ni mendigos, somos profesionales. Nuestro trabajo tiene una razón de ser y esta es servir a otro ser humano. En 1940, en un contexto gravísimo de posguerra, Alvar Aalto escribió en The Technology Review sobre un concepto clave: “La humanización de la arquitectura”. Creo que este debe ser nuestro retorno como gremio: “Una solución arquitectónica debe tener siempre una motivación humana”.

¿Qué se debería desechar? 

Creemos que deberíamos desechar la idea del movimiento ininterrumpido. No solo por los problemas que nos ha mostrado 2020 con más crudeza, sino por los excesos de la hiperglobalización, que nos hace dependientes de los puntos de fabricación a un nivel extraordinario, o por los retos que plantea la indispensable reducción de emisiones que reclama nuestro hábitat. Nacimos en un modelo que nos enseña que si no creces fracasas y ahora tenemos que aprender a escalar nuestra forma de vivir para poder hacerla perdurar.

Incorporando aquellas metodologías y herramientas que nos dotan de agilidad (ampliamente utilizadas, por cierto, en muchísimas otras industrias como la programación, la automovilística o la moda). En este entorno la reacción y a las diversas necesidades ponen a en una situación de una arquitectura “lenta” porque nuestros procesos de trabajo “son lentos”.

Como gremio tenemos un motivante camino de mejora por delante, si queremos dar respuesta a las nuevas necesidades que emergen mientras desaparecen otras, la habilidad más importante que podemos aprender hoy es la de crear estrategias de negocio flexibles que nos permitan pivotar y mantener nuestro flujo de trabajo estable.

En una sociedad tan cambiante, ¿Cómo da respuesta la arquitectura a unas necesidades antes de que hayan desaparecido y hayan surgido otras? 

La arquitectura es una disciplina lenta con poco margen para realizar movimientos rápidos. La distancia entre teoría y práctica, por los plazos del proceso de producción, hace que no sea viable un cambio drástico, sino más bien una adaptación de lo existente. Lo que puede proponer la arquitectura es un nuevo modelo de gestión del espacio del que disponemos.

Por ejemplo, se empiezan a publicar encuestas/estudios que indican una creciente demanda de viviendas más grandes con acceso a espacios exteriores, pero en los últimos 20 años nos hemos dedicado a trocear la vivienda del S.XX de manera que el parque inmobiliario sea más rentable y la ciudad más densa.

Revertir esta situación es prácticamente imposible, dado que las propiedades ya han sido repartidas, pero podemos tratar de repensar el uso de espacios que puedan quedar obsoletos. En este contexto pueden plantearse modelos mixtos, que permitan hibridar usos públicos y privados, ampliando las capacidades de la vivienda.

¿Cuáles serían esos objetivos de la arquitectura para 2021? ¿Hacia dónde va la arquitectura?

Es difícil de decir, por qué lado podría tratar de aprovecharse este parón para tratar de definir un modelo que nos permita sentar las bases de la arquitectura de los siguientes años. Quizás el objetivo sea evitar la tentación de retomar la dinámica que tuvimos con más intensidad todavía para recuperar lo perdido y tratar de sentar las bases de un modelo que por lo menos trate de posponer el próximo colapso.

En mi opinión “la arquitectura” no puede plantearse objetivos porque no tiene cabeza ni corazón. Pero nosotros, los arquitectos, sí tenemos la oportunidad de replantear el tipo de huella que dejaremos en nuestra sociedad. Seguiremos haciendo casitas luchando en un mercado ultrasaturado y malviviendo mes a mes, o redefiniremos nuestra labor para no quedarnos atrás y contribuir en los avances de nuestra sociedad futura.

La arquitectura va hacia donde vayamos todos y cada uno de los arquitectos. Somos nosotros los responsables y líderes de esto que tanto amamos. Cada día trabajo con compañeros de todo el mundo para ayudarles a construir una realidad profesional libre, estable y próspera como arquitectos.  Poniendo a las personas y sus necesidades en el centro, y desarrollando nuestro potencial innovador para dar respuesta a esas necesidades emergentes. Hacia aquí nos dirigimos nosotros.

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