• septiembre 30, 2026

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Raíces de fe y linaje es el corazón de Santa Cruz

Por: La Arq. Mixy Justiniano Suárez

El origen y el suelo sagrado, la fundación como acto de voluntad, no solo se fundó una ciudad en 1561; se plantó una semilla de libertad en medio de la selva.  El civismo desde la cuna, el cruceño no nace en las plazas, nace en la sobremesa, escuchando las historias de nuestros abuelos. Ser cruceño es un compromiso con la tierra que Dios nos dio y nos vio crecer.

¿Quiénes somos?, somos un pueblo que camina con fe, pero que regresa siempre a casa después de una larga jornada de trabajo, porque sabemos dónde está nuestro corazón y que no motiva a salir y a donde volver.

La Familia: Nuestra Fortaleza y Refugio

La Célula de la Resistencia: a lo largo de la historia, Santa Cruz ha enfrentado olvido y luchas de todo tipo a lo largo de su historia. Lo que nos mantuvo en pie fue la unidad familiar un principio indiscutible de nuestra mejor heredad como valor, trasmitido de generación a generación.

El valor de la gran familia, en Santa Cruz, es un concepto de familia que se extiende. El vecino es un pariente, el amigo es un hermano. Esa red social es nuestra mayor ventaja competitiva y emocional como sociedad y nuestra ofrenda al mundo como ciudadanos globalizados pertenecientes a él.

Recobrar el valor, en un mundo constantemente cambiante que intenta fragmentar los hogares, hace una obligación sobre este valor donde el cruceño debe levantar nuevamente el altar familiar como un espacio de máxima prioridad.

Valores Cruceños: Fe, Trabajo y Hospitalidad

  1. Hijos de Dios: Nuestra identidad está ligada a la confianza en la providencia, ‘La Voluntad de Dios es nuestro motor central, nuestro existir y ser’, un punto que resuena con nuestra propia fuerza espiritual.
  1. La Herencia de los Padres: el civismo es enseñar a los hijos que el trabajo dignifica y que la palabra dada es un contrato sagrado, pues para un cruceño no se necesita más honor que dar su apellido y palabra como aval y debemos recuperar esto, pues es un contrato sagrado.
  2. Identidad Visual: el verde y blanco no son solo colores de una paleta de pixelaje; son nuestra esperanza y la pureza de nuestras intenciones hacia los nuestros y entre los nuestros.

El Retorno a la Esencia

Sabernos fuertes es nuestra fortaleza no está en los edificios o en economía, pues estas son resultante no causante; sino saber quiénes nos esperan en casa. Llamado a la acción,  invitar a cada familia a ser una escuela de civismo, donde se enseñe a amar a Santa Cruz amando primero a los propios, nuestra familia. Pues ser cruceño es se familia. Esa es nuestra raíz, y de ella brota verdadera victoria.

Recordemos nuestra Santa Cruz de Antaño con amor y sus costumbres, y actividades familiares, el cafecito y la tertulia en una galería o debajo de un árbol en un patio de nuestras casas, de patio colonial, con su horno de barro, un buen café y las risas de nuestras familias, compartiendo sus anécdotas después de terminar la jornada, con un ocaso de un hermoso atardecer en este cielo azul que Dios nos regaló, en contraste con esta ciudad pujante y hermosa que como arquitectos construimos y tu como ciudadano ayudas a construir siendo parte de su hábitat.

No podemos en medio de estas añoranzas dejar de recordar el sonido de un buen taquirari suave y lento que sube la intensidad hacia algo épico y motivador, porque eso es lo que recordamos en la fundación de Santa Cruz. Para conectar la historia a este mensaje sobre civismo y la familia, aquí tienes los hitos fundamentales de la fundación de Santa Cruz de la Sierra.

Don Ñuflo de Chávez: El 26 de febrero de 1561, el capitán extremeño fundó la ciudad. A diferencia de otros conquistadores que buscaban solo oro, Chávez buscaba asentar un hogar.

Él bautizó su hogar con el nombre de Santa Cruz de la Sierra, en honor a su pueblo natal de Extremadura, España, uniendo su pasado, su familia y raíces con su presente en el nuevo mundo.

El emplazamiento original denominado Santa Cruz la Vieja

La ciudad nació originalmente a orillas del arroyo Sutò, en las faldas de las colinas de Rurrenabaque cerca de lo que hoy es San José de Chiquitos.

El Valor de la permanencia: fue una de las fundaciones más alejadas de los centros de poder como Lima o Charcas, lo que forjó el carácter autosuficiente y valiente del cruceño. La traslación, el éxodo de las familias; este es el punto más importante, Santa Cruz no se quedó en su sitio original, debido a las duras condiciones, la ciudad se movió hacia el oeste.

En 1621, tras varios asentamientos intermedios Cotoca, se estableció en su ubicación actual a orillas del río Piraì. Lección cívica, lo que se movió no fueron solo papeles o títulos, fueron las familias con sus enseres y su fe. La ciudad no eran las paredes era la gente unida.

Lección cívica, lo que se movió no fueron solo papeles o títulos, fueron las familias con sus enseres y su fe. La ciudad no eran las paredes, era la gente unida. El mestizaje y la Identidad, desde el inicio, se dio como una fusión entre los expedicionarios y las etnias locales como los Chiquitos y Chanes. Esto creó una identidad particular: el cruceño, que se siente por orgulloso de su hospitalidad y de su apertura al mundo, siempre manteniendo el núcleo familiar como centro de su vida social.

El carácter de Frontera,  Santa Cruz fue concebida como una barrera y avanzada contra las incursiones de los bandeirantes brasileños y para proteger las misiones. Ese rol de guardianes desarrolló un civismo de protección, cuidar lo nuestro, cuidar la tierra y cuidar el legado de los hijos.

Nuestros antepasados cargaron con sus familias por la selva para fundar un futuro mejor; hoy, nuestra tarea es cargar con nuestros valores para que la familia cruceña no se pierda en la selva de la modernidad.

El fundador y el hogar, cuando el Capitán Ñuflo de Chávez clavó la espada en esta tierra un 26 de febrero, no solo estaba trazando un mapa, estaba fundando un destino. Al bautizarla como Santa Cruz de la Sierra, trajo consigo el nombre de su propia cuna y de su fe, recordándonos que nadie construye un futuro solido si olvida de donde viene para saber siempre adónde va.

Chávez no fue solo un conquistador; fue un hombre que entendió que la verdadera conquista es la permanencia. Al igual que un padre que levanta las columnas de una casa para proteger a los suyos, el plantó una ciudad que sobreviviría a la selva y al olvido gracias a la unión de sus familias.

Hoy ser cruceño es entender que nuestro civismo no es un grito de guerra, sino un acto de amor cotidiano: es el respeto por los padres, la fe que se hereda y la voluntad inquebrantable de proteger nuestro hogar. Porque si la familia está de pie, Santa Cruz jamás caerá. Nuestra mayor fortaleza no reside en lo que hemos construido con ladrillos, sino en quienes somos cuando nos sentamos a la mesa: como Hijos de Dios, unidos por un mismo linaje de valentía.

La Analogía de la Arquitectura: así como en una obra de cálculo estructural previene el colapso, en la sociedad cruceña, la familia es la estructura que absorbe las cargas de las crisis externas. El legado espiritual, recordar que la fundación fue un acto bendecido, donde la fe fue el pegamento entre los expedicionarios y la tierra nueva, reforzando nuestra identidad como hijos fuertes de Dios y profesionales sin descuidar el valor de nuestra historia.

Este es nuestro sentimiento cruceño donde Santa Cruz no es solo el suelo que pisamos, es la familia que somos, porque un pueblo que sabe quién es y de donde viene, tiene la fuerza de Dios para llegar a donde se proponga.

Nuestra mayor obra arquitectónica no son los edificios que tocan el cielo más puro de América, sino las familias que sostienen nuestra tierra. ¡Que nuestra fe sea siempre el cimiento y nuestro civismo la bandera!

Ser cruceño es ser familia, esa es nuestra raíz, nuestra identidad y nuestra victoria eterna. Y entre recuerdos de música emotiva me inspiro ante la audiencia invitándote a volver a lo esencial. Que en cada hogar cruceño se levante de nuevo el altar de nuestros valores, donde el respeto, la fe y la unidad sean el motor que nos mueva. No permitamos que el mundo nos diga quienes somos, mirémonos en los ojos de nuestros hijos y en el legado de nuestros abuelos.

Levantémonos nuestra familia, recobremos nuestra esencia y caminemos con la frente en alto. Porque cuando un cruceño se sabe amado en su hogar y fortalecido en su fe, es sencillamente imparable.

¡Por nuestras familias y por Santa Cruz, siempre adelante!, la familia es ese horcón de madera de esa galería antigua del Centro Histórico de nuestra ciudad, firme y tan antiguo como la fe y la familia que sostiene el techo de nuestra sociedad, en la calidez del hogar, como ese fogón vivo y ardiente que nunca se apaga y sigue ardiendo cada vez más fuerte. Ese fogón de integridad donde lo que se dice, se cumple, Ese fundamento de confianza en el hogar y la sociedad.

La hospitalidad,  donde la familia no termina en la puerta de la casa; el cruceño siempre tiene un lugar en su mesa para el que llega y quiere compartir un cafecito con horneado o una simple charla de amistad; O leer u orar sobre Dios.

La fe inquebrantable, donde nos reconocemos sin duda que somos hijos de Dios y que nuestra fortaleza proviene de su voluntad. El respeto a los mayores, valores de sabiduría de quienes movieron la ciudad antes que nosotros; para darnos lo que hoy tenemos.

La alegría en la adversidad, de ese espíritu valiente que enfrenta los retos con una sonrisa y una actitud de unidad familiar, aunque a veces la jornada cueste. Horcones y Corredores estructurales de protección, donde la familia sostiene el peso del mismo techo de la sociedad.

Solo me imagino esa sobremesa Cruceña, imagen de una familia compartiendo ese café de siesta con su horneado típico, y visualizo un futuro donde quienes somos sea parte del dialogo y la unión. Un verde y blanco de hogar flameante y ondeando en casa en un entorno familiar donde debe estar; uniendo civismo con espacio privado y sagrado cobran vida y hogar.

¿De qué sirve levantar ciudades de cristal y rascacielos que desafían al viento, si estamos dejando que se desplomen los cimientos que realmente nos sostienen?

Hoy nos jactamos de ser la locomotora del país, y si lo digo con orgullo y la frente en alto; pero en el ruido del progreso hemos empezado a olvidar el susurro de nuestra propia esencia, Aquella Santa Cruz que nació entre calles de arena y galerías de puertas abiertas, no se fundó simplemente con barro y madera de cuchi; se fundó con la voluntad inquebrantable de familias que entendieron que su mayor fortaleza no era lo que poseían, sino quienes eran, cuando se sentaban a la mesa.

¿En qué momento cambiamos la seguridad de la comunidad por la frialdad de los muros altos?, es hora de volver al aljibe de nuestra historia, no por nostalgia, sino por supervivencia, para recobrar ese civismo que nace en el hogar y recordar que un pueblo solo es verdaderamente fuerte cuando su fe y su familia son el horcón que sostienen todo su cielo.

Volvamos a tener esa puerta en nuestra galería abierta, como símbolo de transparencia y honestidad. Demos ese primer paso con fuerza, donde invitamos entre nuestras galería y horcones que no se diseñaron para separar al vecino, sino para cobijarlo, abiertas de par en par como el manifiesto más grande de nuestro civismo, de un pueblo que no tiene nada que esconder porque su fuerza reside en la limpieza de su corazón y en la solidez de sus vínculos familiares y sociales.

¿Cuándo fue la última vez que sentimos esa seguridad que nace de la confianza mutua y no de una cámara de vigilancia?, recobremos quienes somos entendiendo que el civismo cruceño no es un concepto político; es un valor de hogar doméstico. Se gesta en charlas espontaneas, bajo el horcón donde los niños vuelven a jugar libres y seguros, a la vista de todos y los adultos resuelven la vida en una sentada.

Esa transparencia arquitectónica de reflejo familiar que se sabe parte de algo más grande. Hoy te invito a derribar esos muros mentales que nos aíslan y volvamos a esas puertas abiertas espirituales, donde nuestra mayor fortaleza es nuevamente la unión inquebrantable de los nuestros y la franqueza de nuestra palabra.

 Donde la idea de que el respeto de la por la cotidiano nace del respeto en la mesa, basada en la comunidad de la familia; para entrar al fogón de la casa, saludamos al mundo; el patio interior es donde alimentamos el alma y ese fuego se reserva de la familia; reserva espiritual del Hogar, huesos de nuestra identidad; aljibe y horno de barro como un sistema vital; casa de tres patios aljibes de agua viva, previsión y pureza; recolectores de bendición, que nos sostienen en tiempos de sequía.

El civismo no solo se trata de marchar o votar; se trata de la reserva de valores que una madre y un padre depositan en sus hijos. Fe que debe mantenerse limpia. Leña de supervivencia, bajo la sombra de los árboles frutales, cocinando cuñapes o pan de arroz en unidad; mientras las manos trabajan aun hoy en una jornada en masas, trasmiten de linaje a linaje historias de abuelos que sobrevivieron la selva y se refuerza el orgullo de quienes somos hoy.

Es entender que, aunque afuera el mundo sea frío o caótico, mientras el aljibe de nuestra fe este lleno y el fuego de nuestra mesa este encendido, Santa Cruz seguirán siendo invencible. Porque un pueblo que se alimenta de su propia fuente, jamás tendrá sed de identidades prestadas. Somos guardianes del fuego, acerdocio del hogar cruceño, llamamos a la familia ante Dios y la historia, hombre y mujer cruceños habitantes de cada casa de Santa Cruz, ese horno no solo calienta el pan, sino la llama de la descendencia que debe ser custodiada con celo y valentía.

El Padre como proveedor no solo del pan, sino de la protección y la dirección, se yergue como el horcón maestro que absorbe las presiones externas para que el techo de los suyos no ceda, su civismo ejemplo, firmeza de palabra y fuerza de brazos al servicio de su hogar, la mujer proveedora de fe y ternura, mantiene encendida la brasa de valores en el corazón de los hijos.

Custodia de reserva espiritual, asegura el aljibe del alma familiar; forman unidad de defensa inquebrantable, custodian su familia como el mayor tesoro, con vigilancia, oración y certeza de que su obra es entregar a Santa Cruz hombres y mujeres de bien.

Ser cruceño, entonces es entender que nuestra mayor riqueza es ese sacerdocio y ese civismo en el que la llama del apellido y fe brille con más fuerza en la siguiente generación, recordando de nuestra abuela decir: ¡cuyo hijo sos!; respondo hijo de esa Identidad profunda de nuestro pueblo, examen de linaje, de valores y de pertenencia, es la forma en el cruceño te reconoce y te ubica en el mapa de los principios, nuestro código de identidad, que indaga sobre la madera de la que estamos hechos, es nuestra declaración a la sociedad de quienes fueron los guardianes que custodiaron nuestra infancia y que fe nos fue entregada como herencia.

Hijos de hombres de palabras y de mujeres de oración, hijos de la traslación, del esfuerzo y de la hospitalidad, para que cuando a nuestros hijos les digan: ¡hijo cuyos sos!; levanten la frente con seguridad y orgullo de que provienen de un hogar de fe y de valientes; porque al final la mayor obra que dejaremos a Santa Cruz no será de concreto ni de acero, sino la certeza de que fuimos dignos herederos de nuestro linaje y guardianes incansables de la voluntad de Dios en nuestra Tierra.

Y para cerrar este compromiso solemne; les propongo un pacto de Horcón; por nuestra estirpe: hoy ante la sombra de nuestros antepasados y bajo la mirada de Dios, hacemos un pacto que va más allá de las palabras: el pacto de recobrar nuestra esencia. Como hombres y mujeres de esta tierra bendita, nos comprometemos a ser los guardianes del fuego en nuestros hogares.

No permitiremos que los muros del desánimo o las corrientes de la modernidad debiliten los cimientos de nuestra casa. Hoy renovamos el compromiso de custodiar nuestra fe: Declaramos que nuestra familia es un templo vivo donde el Espíritu de Dios es el invitado de honor y la guía de cada decisión; defensa de nuestro linaje responsabilidad heroica, protección de nuestros hijos, no solo del peligro físico, sino del olvido de quienes son, entendiendo que ejercer nuestro civismo de ser cruceño es un acto de servicio contante, pacto de honor.

Transformación de la arquitectura de Santa Cruz

Virgilio Suárez,  coordinador proyectos de grado en Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra – (UPSA), dijo que  primero se debería contextualizarse y aproximarnos a una definición de la arquitectura cruceña contemporánea, ¿cómo es? ¿Qué elementos relevantes tiene? ¿Es tan diversa como se dice?, o se trata de un imaginario cultural en plena construcción, o acaso es una reiteración tardía de las corrientes arquitectónicas promovida por la globalización.

En ese marco de complejidad y contradicciones es posible reconocer una cierta calidad arquitectónica, sobre todo cuando se trata de búsquedas formales, el uso de nuevas tecnología e inéditos materiales, en una serie edificios icónicos acorde al auge de 15 años de crecimiento económico. Por tanto, si consideramos que la “excesiva información” provoca desinformación y reduccionismo, resulta necesario señalar algunos elementos que niegan la heterogeneidad de la  realidad coincidente a los clichés promovidos por el mercado mediático.

Sostuvo que, en los últimos tiempos la arquitectura en general se ha mostrado como un eficaz recurso de mercadotecnia, logrando establecer valores diferenciales y ventajas comparativas a la hora de competir en el contexto donde se emplaza, la oferta y la demanda en un medio donde el mercado es relativamente limitado. Por tanto, la arquitectura que se produce se ha circunscrito gradualmente a las iniciativas vinculadas a grupos corporativos, empresas y personalidades que tienen cierto poder económico y hacen los mayores esfuerzos para lograr diferenciarse y tener identificación propia, a fin de posicionarse como marcas y emprendimientos locales, acordes a las exigencias del mercado global.

Por lo general, la propuesta arquitectónica actual responde al encargo de los grupos que la promueven e invierten, y al enfatizar su rol práctico se prioriza la imagen y el impacto visual de escala y tamaño, en contrapartida se debilita y reduce su valoración cultural. Por eso los nuevos edificios deben contar con ciertos elementos singulares e innovaciones formales que sean reconocible como referentes urbanos y en el campo del consumo de masa.

Por consiguiente, la arquitectura espectáculo es un resultado ineludible. Las torres más altas, los edificios más grandes, las mayores inversiones, serán indicadores que se reconocerán en los distintos premios de congresos y bienales de arquitectura propensos a la exaltación, a la manipulación direccionada del encargo cada vez más concentrado en pocas manos. La arquitectura financiada por el sector público con el advenimiento de la crisis, ha dejado de ser significativa, el gobierno nacional ya no construye reparticiones descentralizadas, la gobernación llegó hasta el banco de sangre y el municipio dejó de hacer hospitales y módulos educativos.